Tres equipos científicos estadounidenses que han analizado patrones de
variación genética en diferentes poblaciones han dado con una mutación,
que debió producirse hace más de 85.000 años, y que permitiría a los Homo sapiens
del centro de África migrar por todo el continente. La mutación está en
un grupo de genes del cromosoma 11 implicados en al conversión de
ácidos grasos poliinsaturados de origen vegetal en ácidos
poliinsaturados necesarios para aumentar el tamaño del cerebro, su
complejidad y sus funciones, según explican los investigadores, que
logran así asociar la base genética con la llamada gran expansión
africana del Homo sapiens.
Diversas investigaciones genéticas y arqueológicas apuntan hacia el origen del H.sapiens hace unos 180.000 años, pero permanecerían confinados unos 100.000 años en una zona con abundantes lagos en el centro de África.. Su hipótesis es que este confinamiento territorial se debió, al
menos en parte, a que los humanos primitivos necesitaban, para alimentar
sus funciones cerebrales, un ácido graso específico (DHA) que contienen
los peces. Y en la región centroafricana habría agua y, por tanto,
fuentes de alimentos con DHA.
“Ha habido un considerable debate acerca de cómo los humanos
primitivos lograban obtener el suficiente DHA necesario para mantener su
tamaño cerebral y su complejidad”, comenta Floyd Chilton, uno de los
autores de la investigación, en un comunicado de Wake Forest. “Es
sorprendente que hayamos descubierto la región de la variación genética
que debió surgir aproximadamente al tiempo que aquellos hombres
primitivos salieron de esa región africana central en lo que se ha
llamado la gran expansión”, añade.
Con la variación genética los humanos podían alejarse de las zonas
con agua y los productos alimenticios necesarios que en ella obtendrían.
Y a partir de ese momento, según muestran los resultados expuestos en Plos One,
se produjo una intensa presión selectiva en la población y rápidamente
se difundió la mutación por todo el continente africano.
La capacidad de conversión de ácidos grasos de origen vegetal en
alimento del cerebro significaría que los primeros humanos ya no
dependían de una única fuente, el pescado, y eso era importante porque
cuando aparece esta mutación aún no existía la caza y pesca organizada
que pudiera mejorar el suministro de esos ácidos grasos, recuerda Akey.
Los investigadores han analizado los genomas de poco más de mil
individuos de 15 poblaciones humanas diferentes que formaban parte del
proyecto Genoma Humano más otros tantos de 52 poblaciones de la base de
datos Diversidad del Genoma Humano
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